domingo, 5 de julio de 2015

Batallas de la Tierra Media VII La Batalla de Tumhalad

Batalla de Tumhalad

La última y decisiva batalla librada entre los Exiliados y las huestes de Morgoth en el otoño del 496 de la Primera Edad. A pesar de la superioridad del ejército orco, éste fue aniquilado en Tumhalad, aunque Orodreth y Gwindor resultaron muertos; sólo Túrin, que llevaba el Yelmo-Dragón, pudo enfrentarse a Glaurung y salir vivo. Después Glaurung y otro ejército de orcos saqueó Nargothrond.



"En otoño de ese año, Morgoth [...] lanzó sobre el pueblo del Narog el gran ejército que tanto tiempo había estado reuniendo; y Glaurung, el Padre de los Dragones, atravesó Afauglith, y, desde allí, fue a los valles septentrionales del Sirion donde hizo mucho daño. Bajo las sombras de Ered Wethrin, encabezando un bran ejército de Orcos, mancilló Eithel Ivrin, y desde allí pasó al reino de Nargothrond donde quemó la Talath Dirnen, la Planicie Guardada, entre el Narog y el Teiglin.
Entonces los guerreros de Nargothrond les hicieron frente, y alto y terrible se veía ese día Túrin; los corazones de sus huestes se inflamaron cuando él avanzó, cabalgando a la derecha de Orodreth. Pero el ejército de Morgoth era mucho mayor de lo que había dicho ningún explorador, y nadie, excepto Túrin, protegido por la máscara de los Enanos, podía resistir la cercanía de Glaurung.
Los Elfos fueron rechazados y derrotados en el campo de Tumhalad. [...] Orodreth, el rey, murió en el frente de la batalla, y Gwindor, hijo de Guilin, fue herido de muerte. [...] 
Entonces Túrin volvió deprisa a Nargothrond [...] reuniendo a todos los derrotados que encontró en el camino. [...] Pero Glaurung y su ejército de Orcos llegaron antes que él, [...] y cayeron sobre Nargothrond de repente, antes de que los que estaban de guardia supieran lo que había ocurrido en el campo de Tumhalad. [...]
Y cuando Túrin llegó, el espantoso saqueo de Nargothrond estaba casi terminado. Los Orcos habían matado o expulsado a todos los que portaban armas, y aún estaban saqueando las grandes salas y cámaras, pillando y destruyendo. [...] A esta ruina y pena llegó Túrin, y nadie  pudo resistírsele, porque derribaba a todos los que se le ponían por delante. [...]
Pero ahora estaba solo, porque los pocos que le seguían habían corrido a ocultarse. En ese momento, Glaurung el cruel salió por las abiertas Puertas de Felagund, y se interpuso entre Túrin y ellas. [...]
Túrin se abalanzó sobre él de un salto, y había fuego en sus ojos, y los filos de Gurthang brillaban como llamas. Pero Glaurung paró el golpe, y abrió mucho sus ojos hipnotizadores, fijando la vista en Túrin. Sin temor, Túrin le sostuvo la mirada mientras alzaba la espada, pero en seguida cayó bajo el terrible hechizo del dragón y se detuvo como si se hubiera convertido en piedra. [...]
De pronto, Glaurung apartó la mirada y esperó; y Túrin se movió lentamente, como quien despierta de un sueño espantoso. Pero entonces volvió en sí con un fuerte grito y saltó sobre el dragón. [...]
Túrin, desenvainando la espada, lanzó un golpe contra sus ojos, aunque Glaurung retrocedió con rapidez y se alzó sobre él como una torre. [...]
Entonces Túrin, todavía aturdido por los ojos del Dragón, [...] volviéndose se precipitó a la carrera por el puente [...] y se alejó por el camino del norte."


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